Manejar circunstancias difíciles en Stand Up

Cuando nadie se ríe - Manejar interrupciones y distracciones: alguien o algo interrumpe el show, hecklers

Cuando nadie se ríe

Estás haciendo tu monólogo y nadie se ríe… ¡puede pasar!

Hay días en los que el público está medio ausente o distraído, y hay días en los que el comediante no está del todo conectado.

Muchos comediantes siguen con su monólogo como si nada, esperando un pequeño milagro. Puede pasar que de repente se enganchen con algún chiste, pero es poco probable. Si no te está funcionando lo que estás haciendo, no tiene sentido hacer más de lo mismo. Hay que hacer algo diferente.

El gran error de los comediantes novatos es comenzar a acelerar (porque están desesperados por llegar al próximo remate y así ojalá lograr una risa). Después de un tiempo, simplemente quieren llegar lo antes posible al final de su monólogo y bajarse. En este caso, es mejor decir “gracias” y bajarse. En realidad hay que hacer todo lo contrario: ir más despacio.

Cuesta saber cuál es la razón por la que nadie se ríe en el momento que estás en el escenario, pero se pueden hacer varias cosas.

LA COMUNICACIÓN ALEGRE

Lo primero que hay que hacer siempre es poner más alegría, más sonrisa: infectar al público con tus ganas de estar ahí y de pasarla bien. Obviamente cuando el show no está saliendo bien, no lo estarás sintiendo y tendrás que fingirlo.

PONER MÁS ENERGÍA

En segundo lugar, hay que poner más energía para despertar al público y a vos mismo como comediante. Puede pasar que, sin darte cuenta, te hayas subido al escenario con pocas pilas o que estés distraído. También puede ser que el público está con sus pensamientos en otro lado. Hablar más fuerte, poner más énfasis en lo que decís (variar el tono), hablar más rápido y usar más el cuerpo puede dar ese impulso que necesita el show. Con hablar más rápido no quiero decir correr a través de tu material sin que la gente te pueda escuchar ni reírse. Sugiero poner más ritmo y velocidad a tu monólogo, no deshacerte de él lo antes posible.

MIRAR A LA GENTE A LOS OJOS Y ACERCARSE A ELLA

Cuando el público esté en otra, hay que buscarlo. Esto se puede lograr a través del contacto visual. En lugar de mirar al público en general, pasás a buscar la mirada de cada persona (un par de segundos a cada una). Eso hace que el público se conecte con vos y se haga presente en el momento. Siente que le estás hablando directamente.

Para conectarte más puede convenir ponerte en el borde del escenario y hasta bajarte, acercarte literalmente a él. Si el comediante lo hace de forma simpática, genera conexión y trae al público al momento presente.

PROBAR OTRO TIPO DE MATERIAL (SI TENÉS)

Puede pasar que al público no le interese o no le cause gracia lo que estás contando por la razón que sea. Tal vez para el material que estás haciendo, el público sea demasiado joven o grande.

Hay que ir por otro lado, probar con otro material para ver si se engancha con otro tema.

HABLAR O IMPROVISAR CON EL PÚBLICO

Si pusiste más sonrisa, alegría, energía, estableciste contacto visual, ya probaste un par de temas diferentes y el público sigue sin engancharse con lo tuyo, lo único que te queda para romper la desconexión es salir de tu monólogo y comenzar a hablar con la gente.

Se puede improvisar algo gracioso con el público o simplemente charlar con él sin tratar de obtener risas. Puede ser especialmente eficaz cuando haya poca gente. Tal vez no sea lo que tenías pensando hacer, pero te puede salvar la noche.

En la parte sobre Improvisación de este sitio veremos más en detalle cómo improvisar en Stand Up. Por ahora está bueno saber que hablar con el público puede tomar una forma muy simple. Por ejemplo, si hay un hombre con mucha barba en la primera fila, podés parar y decir: “Gente, les presento a ¡Jesús!… ¡Les pido un fuerte aplauso para Jesús!”, y seguir con tu monólogo. Se puede repetir con algo similar cada vez que no te funciona un chiste.

Podés ir más lejos y tratar de improvisar con las respuestas que te dé el público. Ojo, improvisar con el público es muy delicado. Hay que hacerlo de forma simpática y muy respetuosa sino vas a obtener todo lo contrario.

Si no sabés improvisar con el público, igual hablá con él sin tratar de ser gracioso. No lo vas a hacer reír pero por lo menos podés tener una charla amigable. La gente no fue a un show de Stand Up para escuchar una charla, pero es mejor que seguir con tu monólogo si este no funciona. Negar lo que está pasando genera mucha tensión y antipatía. Le gente termina por odiar al comediante que parece no darse cuenta cómo el público la está pasando. Una vez que hayas logrado la conexión, podés volver a tu material.

RECONOCER QUE TE VA MAL

Asumir que no te está yendo del todo bien hace que el público se relaje. Se da cuenta que estás presente y que asumís lo que está sucediendo.

Podés reconocer que te está yendo mal en general, o con respecto a algún chiste en particular. En el último caso se puede hacer varias veces, pero tampoco se puede abusar, como mucho dos, tres veces por monólogo.

A menos que quieras basar tu monólogo en eso. Podés ser el tipo que dice chistes muy malos, uno detrás del otro. Si lo asumís y lo jugás bien, la gente va a terminar por engancharse. Hay que bancarse ese personaje de principio a fin. Si te sale y te divierte, ¡genial! No recomiendo basar tu persona escénica en eso, pero te puede salvar una noche.

SUFRIR HASTA EL FINAL

Si ya probaste todo y no te funcionó nada, no te queda otra que sufrir hasta el final… no podés hacer más. Terminás tu rutina, saludás y te bajás.

Tratá de tomarlo con humor y nunca, pero nunca, te enojes con el público, si no vas a perder toda la simpatía de ellos. Si lo podés tomar con humor, por ahí tampoco se ríen, pero por lo menos podés caerle bien. La responsabilidad de hacer reír es tuya. El público ya hizo su parte. Fue, pagó una entrada, se sentó a escucharte, te dio una chance. ¿No le gusta lo que hacés? Puede pasar. Hoy no pudiste hacer reír. Es eso, nada más. No hacer reír en un show quiere decir que tuviste un mal día y no que sos mal comediante. Cualquier persona puede tener un mal día en su trabajo. Después podrás ponerte a analizar lo ocurrido y seguro que alguna lección te llevarás.

De vez en cuando te va a ir mal (con el tiempo y la experiencia, cada vez menos). Tomalo con humor, asumilo, atravesalo. Es la mejor lección de humildad.

APRENDER DE LO QUE PASÓ

Los malos shows son los que dejan más enseñanzas y te hacen crecer como comediante. Aprovechalos. ¿Duele? Sí, seguro. Pero es parte de eso. Tratá de entender qué pasó y consultá con tus colegas para ver qué puede haber pasado y cómo se sintieron ellos en el escenario con este público.

LA CULPA NUNCA ES DEL PÚBLICO, PERO…

Casi siempre el comediante tiene la culpa de que el público no se ría. Si los demás comediantes hicieron reír y vos no, claramente fuiste vos.

Pero puede pasar, por ejemplo en un evento, que nadie te dio una chance, ni te escucharon.

También es posible que el comediante anterior haya hecho tan mal su trabajo que el público perdió la confianza en él y, de paso, en todo el show.

También puede haber fallas en la organización del lugar (en la parte sobre producción en este sitio, vamos a ver los factores que pueden influir). No está bueno buscar excusas pero tampoco hay que autocastigarse demasiado cuando la responsabilidad fue un conjunto de cosas.

Hay comediantes que piensan que tienen que hacer reír, no importa las circunstancias. Y no es así. Somos personas, no superhéroes.

Manejar interrupciones y distracciones

1. ALGUIEN O ALGO INTERRUMPE EL SHOW

Cuando pasa algo inesperado que interfiere en el show (por ej.: suena un celular, alguien se levanta para ir al baño, alguien estornuda de forma graciosa, etc.) o hay algo que distrae (una obra de arte rara colgada en la pared), hay que mencionarlo porque si no el público se puede distraer.

Si el comediante no hace referencia a lo que está ocurriendo, la gente puede pensar: «¿El comediante no lo vio? ¿No va a decir nada?». Si no dice nada, parece estar actuando en piloto automático y el público puede llegar a desconectarse y prestar más atención a lo otro. En inglés dicen: “You have to kill the elephant in the room” (traducción: “Hay que matar el elefante en la habitación”).

El comediante puede improvisar algo en el momento o tener un chiste preparado para cada ocasión. No siempre hay que decir algo, a veces con una mirada el comediante puede mostrar que vio lo que está pasando. Lo importante es no actuar como si no hubiera pasado nada.

Solo hay que hablar de las situaciones que el público ve. Porque pueden pasar cosas que solo el comediante nota desde el escenario y para el público pasan desapercibidas. Ahí es mejor no decir nada. Porque si no estás generando un problema que no existe. Lo aclaramos porque capaz que el comediante tiene un chiste preparado para la situación y quiere aprovecharla, pero si el público no la vio, habrá que explicarla y será forzado.

Cosas que hay que mencionar:
~ Si la decoración es rara o particularmente fea, o chocante (por ejemplo, puede haber cabezas de animales en las paredes).
~ Si no hay nadie sentado cerca del escenario (primeras filas vacías).
~ Si hay chicos presentes.
~ Si hay algún ruido fuerte (de repente o continuo).
~ Si hay un olor fuerte (proveniente de la cocina, por ejemplo).
~ Si estuviste volanteando o haciendo la caja antes del show y ahora estás actuando.
~ Si el escenario es muy alto, muy chico o no existe.
~ Si hay afiches del show dentro de la sala (es estúpido porque la gente dentro de la sala ya sabe que hay show, los hubieran colgado afuera).
~ Si hay algo particularmente vistoso, como un piano enorme.
~ Si la organización es MUY mala. Esto es muy delicado porque no te conviene tener al lugar en contra tuyo, pero a veces es tan mala que hay que nombrarlo para tener al público de tu lado (no te van a volver a invitar para actuar ahí pero tampoco vas a querer).
~ Si alguien llega tarde e interrumpe el show.
~ Si suena un celular.
~ Si alguien se levanta para ir al baño.
~ Gente que habla durante el show (hecklers: lo veremos en el punto siguiente). En ciertos lugares prefieren que no molestes a sus clientes con tus chistes (por ejemplo si van al baño o si llegan tarde). Con mirarlos puede alcanzar.

2. HECKLERS

¿QUÉ ES UN HECKLER?

Un heckler es un término anglosajón para describir a cualquier persona que interrumpe un show. Es una de las cosas que más asusta a los comediantes: que alguien vaya a decir o gritar algo y no saber cómo manejarlo. Puede ser que esta persona se pone a hablar, gritar o aplaudir cuando no lo tiene que hacer. Corta tu monólogo y distrae a los demás. No importa cómo está yendo el show, siempre molesta

De un comediante se espera que sepa manejar este tipo de situaciones, que reaccione con humor y que la resuelva de forma elegante. Si un comediante sale de su papel, puede perder la simpatía del público.

Lo que hay que entender de un heckler es que la mayoría de ellos tiene buena intención. Piensan que te están dando una mano, que te están dando pases de gol para que vos hagas reír. Por eso hay que ser simpático con ellos (por lo menos al principio). Obviamente están haciendo todo lo contrario y hay que hacerles entender, de forma muy amable, que preferís que no lo hagan y que se tienen que callar.

¿QUÉ HACER CON UN HECKLER?

En general, la primera vez que alguien interrumpe el show conviene dejarla pasar, especialmente cuando es un mal momento para interrumpir tu actuación. Si vuelve a molestar, ahí sí será necesario intervenir. Puede alcanzar con mirar fijamente en dirección al heckler o a la mesa que provoca problemas. Muchas veces la gente no quiere toda la sala en contra y entiende la indirecta.

Si la persona dice algo gracioso y todos se ríen, está perfecto. La gente fue para reírse. Reconocelo y felicitá a la persona que hizo reír. Si retás a la persona, quedás mal. Si tenés algo gracioso para agregar, ¡decilo! Y recordá lo que dijo la persona, tal vez lo puedas agregar en tu rutina.

Cuando la persona hace un comentario desagradable, no tratés de matarla de una. Especialmente si estás al principio de tu monólogo. La gente todavía no te conoce. Hay que decir algo para que la persona se calle, pero no exagerés. Cuando un comediante trata de callar a un heckler, tiene que escuchar bien al público. Si se ríe y aplaude, significa que va bien. Si se pone tenso, tal vez esta persona no estaba molestando tanto. En ese momento hay que dar un paso atrás.

Lo primero que podés hacer es preguntar qué dijo. Ya en esta instancia muchos se achican y no te contestan. Quedan como ridículos. Si te contestan, repetís en voz alta lo que dijo (para que todos puedan escuchar y te dé tiempo para pensar) y muchas veces suena tan estúpido que también quedan como ridículos. Cuando la gente se ríe, volvés a tu monólogo. Si no se ríe, tratás de improvisar algo gracioso pero siempre dando a entender que se tiene que callar. Si no va a pensar que justamente te está ayudando y va a seguir gritando cosas.

Si la persona te sigue hablando, hay que contestar dos, tres veces de forma simpática. Después vale humillarla para que se calle. A esta altura ya vas a tener al público de tu lado. Pagaron para escuchar a los comediantes, no a cualquiera del público.

Ejemplo de hacer callar a alguien del público que trata de ser gracioso: “Mirá, el señor hizo (o intentó hacer) un chiste. Qué fenómeno social más raro. Pagó una entrada para ver un show de Stand-Up y escuchar chistes de comediantes. Y mirá que trajimos un montón de chistes, pero no, el señor dice, ‘voy a llevar mis propios chistes…’ Yo, a veces, voy a una panadería y me llevo un pan. Les digo: ‘creo que el mío es mejor”.

Cuando tratás de callar a alguien, es mejor no mirarlo. Mirás al público para buscar complicidad. Además, para la persona que recibe la burla, es menos fuerte cuando no la mirás. Si esto no funciona, te podés poner más serio (pero siempre con sonrisa) y explicarle que se tiene que callar, que es un monólogo, que el show funciona así.

En un caso extremo, una persona que no para de interferir, conviene volver a la primera medida: ignorarlo. Aunque le digas algo, no entiende que se tiene que callar. Es como un niño: cuando le dejes de prestar atención, se va a calmar. Si todavía sigue molestando, se le puede ofrecer que se vaya y le devolvés las entradas (nunca lo hacen, y si pasa, será dinero bien invertido).

El último recurso es que el lugar saque a esta persona. Lamentablemente eso no está en tus manos. Preferentemente, esto fue hablado antes del show con el lugar (pero la realidad es que muy pocos lugares se hacen cargo).

¡LO QUE NO PODÉS HACER NUNCA CON UN HECKLER!

¡Nunca llamés a un heckler al escenario! Un comediante lo hace con la idea de humillarlo delante de todos… ¿Y si no lo lográs? ¿Y si lo lográs y la persona se pone violenta? ¿Y si no se quiere ir del escenario después? Peor todavía es cederle el micrófono a alguien del público. ¡No lo hagas nunca! El que tiene el micrófono tiene el poder, vos sos comediante, nunca se lo entregués a otro. Puede resultar imposible recuperarlo.

LOS BORRACHOS

Los peores hecklers son los borrachos porque no se puede razonar con ellos y, hagas lo que hagas, no se van a callar. Acá hay que apuntar a la gente que acompaña al borracho. Porque con ellos sí se puede razonar (si no están borrachos también) y tratar de que ellos se ocupen de que el borracho se calle. Si no hay forma, hay que negarlo, seguir con el show como si nada y esperar a que el borracho se calle porque nadie le presta atención.

Ícono del Stand Up: Don Rickles

Don Rickles encontró su voz cuando comenzó a ignorar su material. Descubrió que el público se conectaba mucho más con sus respuestas dirigidas a callar hecklers que con los chistes que había escrito. Desde entonces, el rápido, afilado e imprevisible Rickles se metió con el público, sin miedo a ofender.

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El curso de escritura de la Escuela de Stand Up Club es excelente. Te da las herramientas necesarias para arrancar en el Stand Up… aún lo reveo cuando escribo chistes.
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Ronald Parra
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Como comediante actuó en EEUU, Inglaterra, Francia, Holanda y Bélgica.
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