¿Cómo se escribe un chiste?

La importancia de la escritura - La estructura de un chiste - Los elementos de un chiste - La forma de escribir Stand Up - Reglas generales sobre cómo escribir un chiste - Más sobre la premisa

La importancia de la escritura

Muchos opinan que lo importante en el Stand Up no es lo que se dice sino cómo se lo dice. Estoy de acuerdo, pero solo en parte. No hay que subestimar la importancia de la escritura. Para mí es el cincuenta por ciento del éxito de un comediante.

Muchas veces me dicen, “Vos, con tu acento, podés decir cualquier cosa y la gente se ríe”, y la verdad es que no. Te puedo asegurar que lo intenté. Cuando digo algo que no sorprende, la gente no se ríe. Por ejemplo, no alcanza con decir que los argentinos se vuelven locos por el asado y no paran de tomar mate. Si después no viene un remate que sorprende, solo es una observación. Y las observaciones pueden generar simpatía y sonrisas, pero no risas explosivas.

Creo que, con un buen texto, cualquiera puede hacer reír. Jorge Maronna y Carlos López Puccio, dos miembros de Les Luthiers, no tienen personalidades muy graciosas pero igual logran hacer reír, gracias a un buen guion. No alcanzarán el nivel de Daniel Rabinovich, pero hacen reír y eso es un montón.

Es verdad que hay comediantes que gracias a su forma de decir las cosas pueden convertir algo que no parece gracioso en papel en algo muy humorístico. Ahora, imagínense que encima de saber hacer eso, tienen un buen texto… se convierten en las
estrellas de la comedia.

Jorge Maronna: «Nuestros textos son muy buenos, más allá del actor que los diga» – Tvshow – 05/01/2020 – EL PAÍS Uruguay

La estructura de un chiste

Todos los chistes tienen cuatro elementos:
1. tema
2. sentimiento
3. argumento
4. remate (un ejemplo gracioso)

Cuando escribimos, tomamos nuestras ideas, ocurrencias, anécdotas, y les damos forma de Stand Up, preguntándonos cuál es el tema, el sentimiento, el argumento y el remate. El objetivo de los primeros tres elementos es instalar el chiste pero no ser gracioso. En realidad, todo lo contrario. Se anuncia un tema que nos importa (tema) y damos un sentimiento sincero con respecto a ello (sentimiento). Después decimos por qué nos hace sentir así (argumento). Recién el cuarto elemento, el remate, ilustra todo lo dicho anteriormente con un ejemplo gracioso.

Los cuatro elementos no siempre se dicen de forma explícita, pero siempre están y el comediante tiene que saber cuáles son.
Cuando no lo sabe, el chiste resulta confuso. Implementar esta estructura hace comprender dónde está realmente lo gracioso del chiste: cuáles son las opiniones (inconscientes) y experiencias detrás de la idea y cuál es la mejor forma para decirlo a gente totalmente desconocida. Por eso te recomiendo que escribas tus chistes con los cuatro elementos. De lo contrario, muchas veces te quedarás a mitad de camino.

PREMISA-PIE-REMATE
En muchos libros y cursos usan la fórmula Premisa-Pie-Remate. La premisa son las primeras dos partes (tema y sentimiento), y el pie la segunda parte (argumento). Enseñando me di cuenta que es más claro separar los cuatro elementos de un chiste.

Los elementos de un chiste

Ahora veamos los cuatro elementos uno por uno.

1. ELEGIR UN TEMA

Para escribir un chiste, primero hay que elegir un tema: ¿de qué se trata tu chiste? Se puede escribir sobre (casi) cualquier cosa. Más adelante vamos a ver con más detalles cómo elegir y buscar temas, y cuáles convienen ser evitados y en qué momento.

Por ahora lo importante es que el tema te interese: que tengas una opinión o un sentimiento fuerte sobre él. Si a vos no te importa lo que estás diciendo, ¿por qué le tendría que importar al público?

2. TU SENTIMIENTO SOBRE EL TEMA

Ya elegiste un tema que te importa, ahora hay que formular una opinión sobre él: preguntarte qué te pasa con ese tema y cómo te hace sentir. Este sentimiento también es llamado actitud.

Formular nuestras opiniones es un proceso importante en la exploración de una rutina humorística. Para que se enganche el público, para que se identifique y para generar un vínculo, hay que tener una opinión y defenderla. Acá no vale jugar a lo seguro. Los comediantes que no tienen un punto de vista definido no son interesantes para el público. Solo están hablando de cosas y más cosas: “Sabés que Freud dice que un artista tiene que expresar lo que está en la mente inconsciente del público. La razón por la que muchos comediantes no convencen, es porque no lo creen. No hay punto de vista. Comedia no es escaparse, es afrontar los hechos”, decía Mort Sahl. Con esto, hago referencia a la intensidad y no necesariamente al contenido. Una opinión fuerte puede ser sobre cualquier cosa, desde la guerra en Afganistán hasta la forma de un jabón.

Hay que ser lo más preciso posible con el sentimiento. No es lo mismo decir “odio” que “me da vergüenza”. Muchas veces tenemos una sensación negativa con respecto a un tema, pero no siempre sabemos bien cuál es y menos todavía por qué. En mis clases, no paro de preguntar a los alumnos: “¿Qué te pasa con eso? ¿Cómo te hace sentir? y ¿Por qué?”. El Stand Up requiere la capacidad de cuestionarse e implica una búsqueda de autoconocimiento para encontrar la propia voz.

EJEMPLOS DE OPINIONES SIN EL SENTIMIENTO CLARO:

~ “Las bolsas de plástico no sirven”: entendemos que no te gustan las bolsas de plástico, pero no nos alcanza para saber cómo te sentís realmente con respecto a esas bolsas. ¿Las odiás? ¿Te molestan? ¿Te ponen nervioso?

~ “Todos los políticos son corruptos”: esta frase en sí no nos aclara sobre lo que te pasa con los políticos. Probablemente será algo negativo, pero también puede implicar indiferencia (como son todos corruptos, preferís ni gastar energía en pensar en ellos). La pregunta es: ¿cómo te hacen sentir los políticos corruptos? ¿Los odias? ¿Te dan asco o vergüenza ajena? ¿Te ponen tristes? Cada sensación es diferente y llevará a otro tipo de remate.

ACTITUDES BÁSICAS
Siempre vuelven los mismos sentimientos, también llamados actitudes básicas:
~ Odio.
~ Me parece raro.
~ Me molesta.
~ Me da miedo.
~ Es difícil.
~ Es estúpido.
~ Me da vergüenza.
~ Es incómodo.

Tomemos el ejemplo del supermercado y formulemos varios sentimientos con respecto a él:
~ Odio ir al supermercado.
~ Hay cosas que me molestan de los supermercados.
~ Ir al supermercado puede ser frustrante.
~ Hay cosas en el supermercado que son raras.
~ Me da vergüenza ir al supermercado.
~ Me siento perdido en el supermercado.
~ Es estúpido ir al supermercado.
~ Ir al supermercado es difícil.

EL HUMOR SURGE DE LO NEGATIVO

El humor siempre surge de la frustración, el enojo, el odio, la molestia, la vergüenza, la incomodidad. No se puede hacer humor sobre algo que nos pone feliz. Lo vamos a ver más en detalle,
pero es importante tenerlo en cuenta.

3. EL ARGUMENTO

El siguiente paso es explicar el por qué de lo dicho anteriormente: formular un argumento que explique por qué nos sentimos de cierta forma con respecto al tema. Muchas veces sabemos que algo nos molesta, pero no siempre tenemos muy clara la razón. Acá de nuevo, puede que haga falta una búsqueda para tratar de entender nuestras ideas y pensamientos antes de poder presentarlos a un público. Contestamos el por qué de nuestra opinión: ¿Por qué odio algo? ¿Por qué me molesta? ¿Por qué algo me parece difícil?

Ejemplos de opiniones con el argumento “Las bolsas de plástico me ponen muy nervioso porque nunca logro abrirlas” y “Odio a los políticos porque son todos corruptos”.

Insisto en que muchas veces no sabemos las razones de nuestras opiniones y sentimientos. En general, no tomamos conciencia de lo que pensamos. Si preguntás a alguien si le gusta que lo deje su pareja, te va a decir que no. Y si le preguntás por qué, te va decir: “Es obvio…”. Y después se quedará en silencio. Puede haber varias razones por las que nos moleste que nos dejen y puede ser diferente según cada caso. Por ejemplo, te puede doler que te dejen porque querés estar con la otra persona, porque no querés estar solo, porque lastima tu ego o por miedo financiero… hay
miles de razones posibles. ¡Lo que menos funciona en el argumento es generalizar! Hay que ir a lo concreto. 

Tomemos otro ejemplo: la convivencia es difícil. Probablemente todos pensamos lo mismo, pero la pregunta es “¿por qué la convivencia es difícil para vos?”. Hay que buscar razones concretas. Decir “la convivencia es difícil porque mi pareja es complicada” no es concreto. Algo concreto sería dar un ejemplo de lo complicada que es. Puede ser porque ronca, habla mucho, siempre pelea, tiene una madre difícil.

A través de ese proceso, puede pasar que cambies tu opinión sobre ciertos temas. ¡Perfecto! Estás abriendo tu mente. Con un argumento concreto, el remate aparece casi solo. Porque te lleva a un momento real de tu vida, una experiencia que te hizo llegar a formar esa opinión. De esta situación concreta va a salir lo gracioso.

Ejemplos:

1. Premisa (tema y sentimiento): “Odio ir al supermercado”.
En el argumento (pie), damos un ejemplo concreto de por qué odiamos ir al supermercado:
– porque siempre me pierdo.
– porque nunca encuentro nada.
– porque siempre me encuentro con mi vecina.

2. Premisa: “Me da vergüenza llegar a la caja y darme cuenta de que no traje dinero”.
En el argumento (pie) explicamos por qué nos da vergüenza olvidarnos de llevar plata al supermercado.
Argumento:
– porque la gente me mira.
– porque me hace sentir que soy pobre.
– porque no sé qué decirle a la cajera.
– porque tengo mi carrito lleno de cosas y lo tengo que dejar ahí.

Lo mejor es siempre mantenerte cerca de la verdad, contar algo que te pasa o te pasó realmente. Desde ahí, es mucho más fácil hacer reír.

4. EL REMATE

El remate es la parte graciosa del chiste y su elemento más importante es la sorpresa. Para hacer reír, el remate debe ser algo que la gente no ve venir. Debe llevarlos a un lugar que no esperaban.

En el remate, damos un ejemplo concreto de lo que venimos diciendo (puede ser de nuestra vida o de otra, a la que hacemos propia). Ilustramos nuestra opinión y el argumento con una situación de la vida real.

Ejemplos (el remate está subrayado):

1. “Las bolsas de plástico me ponen muy nervioso porque nunca logro abrirlas. La última vez que fui al supermercado agarré una y la tuve que dar vuelta treinta veces”.

2. “Odio a los políticos porque son todos corruptos. El otro día hice un taller de confianza, nos teníamos que dejar caer entre compañeros. Como el mío era político, le tuve que pagar cien dólares para que me atrape”.

3. “En el supermercado, me da vergüenza llevar el carrito de otra persona porque quedo como un despistado. Viene una señora y me dice: “¡Es mi carrito!”. A lo que respondo: “¡No! Es el mío!”. Ella me dice: “¿Y esas toallitas?”. Finalmente le digo: “Me vino”. 

Hay diferentes tipos y estructuras de remates. Los veremos en el Capítulo: Tipos de remates, ilustrados con ejemplos.

LA PALABRA MÁS GRACIOSA VA AL FINAL

La palabra que genera la risa siempre tiene que ir al final del remate, o entre las últimas tres o cuatro palabras. Así generamos más sorpresa y risas más explosivas.

En el siguiente chiste, vemos un esquema que no es correcto: “Soy tan pollerudo que yo ya pido perdón cuando mi mujer llega a casa de mal humor”. Lo que genera la risa es: “yo ya pido perdón”, entonces hay que ponerlo al final: “Soy tan pollerudo que cuando mi mujer llega a casa de mal humor, yo ya pido perdón”.

Hay chistes que funcionan igual, aunque no pongas la parte más graciosa al final, pero existe el riesgo que la gente no escuche lo que sigue después (porque se están riendo) o que dejen de reírse para poder escuchar lo que sigue.

La forma de escribir Stand Up

1. NO SE CUENTAN HISTORIAS NI ANÉCDOTAS

Un chiste tiene la forma de una opinión y no de una historia o una anécdota. No funciona en el Stand Up, por lo menos no al principio. La razón principal es porque en una anécdota tendemos a contar muchos detalles que no sirven para el chiste, confunden y cansan al público. También pasa que, para que una anécdota funcione en un show de Stand Up, la gente tiene que creer que pasó de verdad. De lo contrario, la gente cree que el comediante inventó una historia para ser gracioso y este se queda con ganas de decir: “Tendrían que haber estado”.

Por la misma razón, existe la trampa de decir: “Lo que voy a contar ahora, pasó de verdad”. Sentir la necesidad de hacer esta aclaración es un indicio de que lo que estás contando es anecdótico. Además, instala una duda en la mente del público: “¿Será que todo lo que dijo hasta ahora fue inventado? ¿Por qué lo aclara ahora?”. No conocen al comediante y entonces ya no saben cómo tomar todo lo que cuenta. Se pueden sentir engañados y se desconectan.

Las historias y las anécdotas solo funcionan cuando el público ya conoce al comediante.
Eso pasa cuando:
~ el público está integrado por amigos, familiares y/o conocidos del comediante;
~ el comediante es famoso (porque los fans y seguidores de un artista tienen esa sensación de conocer al comediante, de ser su amigo);
~ todos los miembros del público comparten un interés (como un hobby o un trabajo) y la anécdota tiene que ver con eso;
~ el público llega a un punto en el que siente que conoce al comediante, y este puede contar una anécdota. En general, va a pasar más bien hacia el final, cuando el show está saliendo muy bien.

¿CÓMO DARSE CUENTA DE QUE ESTÁS ESCRIBIENDO UNA ANÉCDOTA O UNA HISTORIA?
Cuando nos ponemos a contar una historia o anécdota, en general comienza con algo así: “El otro día… y me pasó lo siguiente…”, “Hubo una vez…”, “Cuando tenía seis años, algo muy raro me pasó…”, y usamos mucho las palabras “y después… y después”.

¿CÓMO TRANSFORMAR UNA ANÉCDOTA EN UN CHISTE?

Las anécdotas se pueden transformar en un chiste, o varios, dividiéndolas en diferentes partes (según el tema) y aplicando a cada una la estructura de un chiste: tema, sentimiento, argumento y remate.

2. EL TIEMPO ES AQUÍ Y AHORA

En el Stand Up el tiempo es aquí y ahora. No hablamos en términos de anécdotas, sino que contamos lo que nos está ocurriendo en este momento. Obviamente que se puede hacer referencia a situaciones que pasaron antes, pero contamos cómo nos sentimos en el presente con respecto a estos acontecimientos.

3. ESCRIBIR COMO HABLAMOS

El Stand Up tiene la forma de una charla entre el comediante y el público (no de un discurso serio y formal). Entonces, para que parezca natural, tenemos que aprender a escribir como hablamos. A veces no es fácil porque en la escuela aprendimos a escribir en prosa (con frases muy largas), para que sea leído y no dicho. Por eso es importante, cuando escribimos, ir diciendo el chiste en voz alta para saber si suena natural.

Cuando hablamos, muchas veces decimos frases incompletas, tiramos palabras sueltas, cortas, y usamos los verbos más simples como: ser, estar, hacer, tener. Cuando escribimos, en general buscamos verbos más complicados como: permanecer, realizar, concretar.

En los chistes, también es mejor evitar palabras largas. No es importante hablar correctamente, más bien buscamos usar un lenguaje común y accesible a todos. Así que no hay que preocuparse por la ortografía. Al público no le importa si sabés escribir bien una palabra: nunca se enterarán. Hay comediantes que pierden mucho tiempo y energía pensando en la ortografía. Y se pierden en ese camino. Lo importante es llegar a algo gracioso. 

Cuando surge una idea graciosa, te conviene anotarla tal cual te sale. No estamos en la escuela. Y como el Stand Up es parecido a una charla entre amigos, hay que pensar en el público como tal: los tuteamos, usamos palabras informales y gesticulamos. De lo contrario, va a parecer raro, distante y poco auténtico.

4. SER EXACTO, DETALLADO Y CONCRETO

Cuando describimos algo, es importante ser exacto con las palabras que utilizamos. De lo contrario, generamos imágenes erróneas en las mentes del público. No hay sinónimos en el Stand Up: cada palabra tiene un significado diferente. El sentido del chiste puede cambiar según la elección de la palabra.

Por ejemplo, hay mucha diferencia entre bote, velero y barco (mientras que el diccionario dice que son sinónimos). Un bote evoca algo básico y un velero algo exclusivo. Un chiste puede funcionar o no según la palabra elegida. Cuanto más potente es la imagen, más efectivo será el chiste. Hay que ser concreto para generar la imagen correcta en las mentes de la gente. Decir “gaseosa” es mucho más concreto que decir “bebida”. Porque bebida puede ser agua, cerveza, vino, whisky, Coca-Cola. También es más concreto decir “Coca-Cola” que “gaseosa”.

SER SIMPLE, BREVE Y EFICAZ
En un chiste, cada palabra, cada frase, tiene que tener una razón de estar. Si agregamos cosas, la gente se pierde y se confunde, y si pasa varias veces en un monólogo, la gente se cansa porque tiene que hacer demasiado esfuerzo para seguir. El público vino a ver un show de Stand Up, quiere relajarse y no tener que esforzarse. Hay que ir al grano y ser preciso. El humor no es prosa ni literatura. No hay que describir ni explicar cosas, hay que decirlas. Si se puede decir algo con dos palabras en lugar de tres, ¡hacelo! No tiene que ser poético ni elocuente, tiene que ser eficaz. No hay introducciones ni explicaciones.

¿CÓMO SACAR LAS PALABRAS QUE SOBRAN DE UN CHISTE?
Para hacer un chiste lo más corto posible, hay que sacar todas las palabras que sobran. ¿Cómo se hace?
1. Escribir todo el chiste.
2. Subrayar el remate.
3. Subrayar en la premisa y el pie todo lo que es necesario para entender el remate.
4. Reescribir todo el chiste con la información que es absolutamente necesaria.

Después de escribir el chiste de la forma más corta posible, hay que ensayarlo varias veces en voz alta y probarlo en el escenario con público. Así, se descubre cuál es la forma más natural, corta y eficaz para decirlo. Con el tiempo, se puede dejar de decir la actitud (“odio”, “me molesta”, “me parece raro”) porque se podrá entender simplemente con el tono y el lenguaje corporal. También puede pasar lo opuesto: que a tu chiste le falten palabras y el público no lo entienda.

6. HUMOR ABSURDO

Saber hacer humor absurdo es un arte en sí. Hay que saber llevar al público. Como regla general, es importante ir llevándolo de a poco, casi sin que se dé cuenta.

Un muy buen ejemplo de esto es la famosa rutina de Woody Allen: El alce (The Moose). Arranca todo dentro de los límites de lo posible con Woody Allen cazando y atando el cuerpo de un alce sobre su auto. Se traslada a lo imaginario cuando Woody Allen presenta el alce a unos amigos en una fiesta de disfraces, y termina en una fantasía desenfrenada cuando el alce comienza a mezclarse con la gente. Es más una historia que un chiste de Stand Up, pero es un ejemplo excelente del proceso del humor absurdo:
“Una vez le disparé a un alce. Estaba cazando en el estado de Nueva York y le disparé a un alce. Lo até arriba del auto y manejé hacia mi casa por la autopista West Side Highway.

De lo que no me di cuenta, es que la bala no había penetrado al alce. Solo le rozó la cabeza y lo dejó inconsciente. Mientras manejaba a través del túnel Holland, el alce se despertó. Así que estoy manejando con un alce vivo arriba de mi auto. El alce está señalando un giro, ¿te imaginás? Hay una ley en el estado de Nueva York que prohíbe manejar con un alce arriba del auto los martes, jueves y sábados. Entro en pánico y ahí se me ocurre una idea: algunos amigos míos están en una fiesta de disfraces.
Voy a ir a esa fiesta, voy a llevar al alce y lo voy a dejar ahí. Ya no será mi responsabilidad. Así que conduzco hasta la fiesta y toco la puerta. El anfitrión nos abre. Digo: ‘Hola, ¿conoces a los Solomon?’ Entramos. El alce se mezcla entre la gente. Le fue muy bien. Conquistó. Dos tipos estuvieron tratando de venderle un seguro por una hora y media. Se hacen las doce de la noche.
Anuncian los premios para los mejores disfraces de la noche. El primer premio va para los Burkowitz, un matrimonio disfrazado de alces. El alce termina segundo. Se pone furioso. Él y los Burkowitz comienzan a pelear y se dejan inconscientes mutuamente. Ahí pensé: «Es mi oportunidad». Agarro al alce, lo pongo arriba del auto y vuelvo rápido a la autopista. Pero me llevé a los Burkowitz. Así que estoy manejando con dos judíos arriba de mi auto, y hay una ley en el estado de Nueva York… los martes, jueves y especialmente los sábados. A la mañana siguiente, los Burkowitz se despiertan en el bosque en un traje de alce. Matan al señor Burkowitz, lo rellenan y lo montan en la pared del Club Athletic de Nueva York. A los miembros de este club les salió el tiro por la culata, porque ahí no se permiten judíos”.

Reglas generales sobre cómo escribir Stand Up

1. HAY QUE ESCRIBIR MUCHO Y TACHAR MÁS

Para terminar con algunos buenos chistes en mano, hay que escribir un montón. Y también hay que tachar, y mucho. Solo el diez por ciento de todas tus ideas van a quedar finalmente en tu monólogo. Es así. Hay que atravesarlo. Lo más difícil es sacar lo que está de más porque tendemos a enamorarnos de nuestras propias ideas. Surgieron de tu mente, les diste vida, las nutriste y a veces el resultado es genial. Pero la mayoría de las veces no lo es. 

También te puede servir saber que cuando llegás a escribir veinte páginas, solo dos te van a servir. Puede ser muy frustrante, pero del otro lado muy gratificante al final, cuando obtenés risas fuertes.

2. NO BUSQUÉS LA PERFECCIÓN EN LA ESCRITURA

Si buscás la perfección en la escritura de chistes, terminarás cansándote rápido. No existe el momento en el que se vea un chiste en papel y se pueda decir: “Ahora sí, esto es gracioso”.

Hasta que no se prueba un chiste en el escenario, no se puede saber si funciona. Hasta los comediantes más exitosos tienen que probar su material con un público en vivo. Es importante tomarse el tiempo para armar bien un chiste, pero tampoco exageres porque se puede volver contraproducente.

EQUILIBRO ENTRE ESCRIBIR Y ACTUAR

Hacer Stand Up implica buscar constantemente el equilibro entre escribir y actuar. Escribir veinte horas antes de cada show hará que pierdas mucho tiempo y motivación. Encima puede pasar que al público no le interesen para nada las ideas o los temas sobre los que trabajaste tantas horas.

Es mejor escribir algo, revisarlo dos, tres veces y probarlo en el escenario lo antes posible. Así, tu próxima sesión de escritura será mucho más fructífera.

Un buen equilibro entre escribir y actuar hará que crezcas más rápido. Escribí. Escribí. Actuá. Actuá.

Cuando las cosas no salen tan rápido como queremos, podemos caer en la tentación de enfocarnos demasiado en uno de los dos: la actuación o la escritura. En el primer caso, pensamos: «En realidad lo importante no es lo que decís sino cómo lo decís».
Aunque ese pensamiento tenga algo de verdad, es una pobre excusa para dejar de mejorar tu monólogo desde el texto. No dejes de escribir para mejorar tu material y tener cosas nuevas. La otra es pensar: «Primero tengo que escribir un monólogo genial y después voy a volver a actuar (y a romperla)».

La escritura se tiene que ir probando con el público. Si no, queda todo en suposiciones de lo que podría funcionar.

3. BURLARSE DE UNO MISMO

Conviene que el/la comediante se apropie de la parte ridícula en varios momentos.

Cuando se burla demasiado de otros, queda como agrandado/a (especialmente, al principio de un monólogo cuando no ganó la simpatía del público todavía). La gente prefiere la humildad del comediante que se ríe de sí mismo. A veces, ponerse en ese lugar como comediante puede hacer que un chiste funcione.

Por mucho tiempo (casi dos años), intenté hacer chistes sobre la gente que se queja mucho. Decía que lo odiaba y daba mis razones. Nunca funcionó. El público me miraba con cara de «Ah bueno, ¿al señor no le gusta que nos quejemos? ¿El señor no se queja nunca?». Solo me di cuenta con el tiempo. Cuando lo probaba en el escenario, veía que no se reían. Al final, pude hacer funcionar ese material diciendo que yo me quejo mucho y que encima me gusta. El remate es el mismo, pero a partir de ese momento el público se puso de mi lado y comenzaron a reírse.

Me pasó lo mismo con un chiste sobre la gente que se cae en la calle. Solo comenzó a hacer reír cuando contaba lo que yo hago cuando me caigo en la calle y no describiendo la reacción ridícula de otra gente.

A algunos comediantes, les cuesta ponerse en el lugar del ridículo. Es un tema de ego. Para ser comediante, hay que poder mostrarse vulnerable y torpe, como un payaso. Eso es lo importante, y no si algo te pasó de verdad o no. En el escenario, mostramos una versión exagerada de nosotros mismos. Claramente eso no quiere decir que no se pueda reír de otra gente, especialmente cuando el público ya está de tu lado. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre los dos tipos de material.

Igual, recomiendo que, cuando te rías mucho de otra gente, al final cierres ese material con un chiste que sea sobre vos. Esto mantiene al público de tu lado.

4. SER ORIGINAL

Hay que ser original, no tanto en los temas pero sí en la mirada, la opinión sobre algo o la manera de abordarla. Es muy difícil encontrar un tema original. Primero, porque no hay tantos que permiten la identificación con la mayoría del
público, y segundo, porque ya está todo hecho.

De todos modos, es interesante seguir buscando temas originales. Siempre se puede contar algo que nos toca a todos y que, hasta ahora, a ningún comediante se le ocurrió.

5. HACER STAND UP NO ES DAR UNA CLASE

En el Stand Up no funciona dar clases de algo. ¿Sabés mucho de fotografía y querés explicar cómo se saca una buena foto? No es para Stand Up. A la mayoría de la gente, no le interesa. Lo que sí podés hacer es explicar por qué te frustra tanto no lograr sacar una buena foto, poniendo énfasis en la emoción (la frustración).

Todos nos podemos identificar con la frustración de no poder lograr algo. Igual, siempre hay un mensaje. A través del humor, damos una mirada diferente sobre el mundo.

6. ¿CUÁNDO SE TERMINA DE ESCRIBIR UN CHISTE?

La buena comedia no se escribe, se reescribe. La escritura no termina con hacer un chiste una vez en el escenario (aunque la gente se haya reído). Tampoco lo descartamos porque no funcionó una vez. Lo volvemos a mirar, tratamos de mejorarlo y lo probamos otra vez.

Lo pulimos. Y así varias veces hasta encontrar la mejor forma de decirlo. En general, hay que probar un chiste mínimo diez veces para que quede asentado, pero también puede ser veinte o treinta. Y a partir de ahí, siempre hay que estar abierto a agregar algo más al chiste, algún giro imprevisto.

Hay que maximizar el potencial de los chistes. Los monólogos más eficaces se construyen con el tiempo y sobre un material que ya funciona.

El monólogo se puede mejorar de las siguientes formas:
~ Sacar todas las palabras que sobran (chistes más cortos significan más risas por minuto).
~ Buscar remates más fuertes.
~ Agregar chistes, profundizando la idea.
~ Agregar sobreremates.
~ Agregar y mejorar los actings.
~ Agregar callbacks.
~ Convertir la premisa en una línea de 3.

Veremos lo que son premisas, actings, sobreremates, callbacks y líneas de 3 en el Capítulo: Tipos de remates. Hay que exprimir el material hasta tener una rutina explosiva.

Todo el proceso, desde la idea inicial hasta el chiste terminado, puede llevar semanas. Y para que todo un show esté a punto, meses y hasta años. Una buena ilustración sobre el proceso de construcción de material es el documental Comedian con Jerry Seinfeld.

A veces cuando uno está atascado, siente la tentación de borrar todo y empezar de cero. ¡No funciona! No se tira el material, se mejora. De lo contrario, es como comenzar de cero una y otra vez. Conviene mejorar lo que ya tenemos. Un material excelente se construye sobre un material bueno.

LA CALIDAD ES MÁS IMPORTANTE QUE LA CANTIDAD

La prioridad de un comediante novato debe ser lograr cinco minutos explosivos para poder brillar en cualquier show. Lo másimportante es la calidad y no la cantidad. Un club de comedia llama al comediante que tiene cinco minutos excelentes, no a uno que tiene una hora de nivel intermedio.

Hay que mejorar el material que ya funciona y sacar un chiste solo cuando se puede reemplazar por uno mejor.

Cuando tengas cinco minutos excelentes, podés ir agregando más, pero de a poco, buscando mantener el nivel. Si se te ocurren muchas ideas que por ahora no encajan en tu monólogo, se pueden guardar para más adelante. En algún momento, te van a servir. Por ahora, conviene trabajar con las ideas que se puedan sumar a tu material, el cual ya funciona.

7. SER GROSERO Y ESCATOLÓGICO

No hay nada de malo con ser un comediante zarpado. Hay públicos a los que les encanta. Solo hay que saber que tus posibilidades de actuar serán más limitadas. Especialmente, si querés hacer eventos, tanto particulares como en empresas. Ahí quieren humor para toda la familia. Son los que más pagan. Lo ideal, es tener los dos: material blanco y no tanto

Ícono del Stand Up: Jerry Seinfeld

Jerry Seinfeld es el principal comediante políticamente correcto: accesible para las masas, pero de muy alto nivel. No usa malas palabras, no expresa opiniones políticas, no habla de sexo, casi nunca habla de la actualidad; así, su show no pierde vigencia. Hace comedia de observación, de lo máscomún y de lo mejor. Solo tiene que decir “La gente en general no está segura si hay leche en la casa” para cautivar al público por identificación. Todos sabemos que el descenso en trineo es un deporte ridículo, pero Seinfeld te explica por qué en un minuto de manera brillante.
Más allá de haber hecho los mismos chistes por años, uno lo siente fresco, fluido y muy disfrutable. Es una exhibición de técnica de Stand Up finamente trabajada y pulida. Hace Stand Up clásico. No usa atributos, no hay puesta en escena ni interacción con el público (por lo menos, él no la comienza). Solo necesita un traje y una corbata, telón rojo, silla de madera, un vaso de agua y un micrófono. Y actúa de forma muy relajada.
Encuentra humor en lo más mínimo, como cuando una azafata cierra la cortina de primera clase y te mira como diciendo: “Tal vez si hubieras trabajado un poco más duro, no tendría que hacer eso”.

Contraejemplo: Lisa Lampanelli

La maestra del humor escatológico es Lisa Lampanelli.
Ningún tema para ella es tabú, pero tiene varias estrategias para que el público acepte su humor. Lo más importante es
que se burla de todo el mundo. ¡Nadie se salva! Ella, tampoco.
Así la gente se da cuenta de que ella no quiere discriminar a cierto grupo, ¡discrimina a todos!
Otra cosa que hace es explicar su estilo. Dice: “Mi show es así. Si querés pasarla bien, aceptalo lo antes posible y disfrutalo. Si no, la vas a pasar mal”. Es una técnica muy eficaz. Es
como decir: “Ya vinieron hasta acá, pagaron la entrada, ahora suelten sus prejuicios y diviértanse”. Lo que hace también es burlarse del tipo de gente que no aprecia su humor. Por ejemplo, las viejas reprimidas. Como la gente no quiere ser como estas mujeres, se abren a su humor. Y da cumplidos a la gente que sí sabe apreciar su estilo.

 

Más sobre la premisa

Voy a dedicar un capítulo especial a las primeras dos partes de un chiste: tema y sentimiento (la premisa). Si la premisa no es clara, no se entiende el chiste. Ahí reside todo el trabajo preparatorio.

En general cuando un chiste es débil, los comediantes tratan de mejorar el remate, aunque muchas veces el problema está en la primera parte.

1. ¿QUÉ ES LA PREMISA?

La premisa es la introducción al chiste: instala el tema y hace saber lo que siente el comediante sobre este.

Puede constar de una o más frases. Un ejemplo de una premisa con el tema y el sentimiento: “Me da mucha vergüenza hablar en público”. El tema es hablar en público y el sentimiento es que da vergüenza.

Además de decirlo, la vergüenza se tiene que poder ver en el comediante. O sea, el sentimiento se tiene que notar en las palabras y en la forma de decirlo.

¿QUÉ ES UNA BUENA PREMISA?

¡La premisa tiene que generar interés y conexión con el público! Para eso, el comediante debe estar interesado en el tema y demostrarlo a través de una actitud fuerte. Más abajo vamos a ver más características de una buena premisa.

EL SENTIMIENTO PUEDE SER IMPLÍCITO

Con el tiempo, los comediantes ya no dicen explícitamente cuál es su sentimiento con respecto al tema. La actitud sale de cómo lo dicen.

Al principio (tanto para comediantes novatos como para comediantes con experiencia que prueban un chiste nuevo), puede ser de gran ayuda decir el sentimiento en voz alta, para que el sentimiento salga realmente. El cuerpo sigue a las palabras. Un ejemplo de premisa con el tema y el sentimiento más implícito: “A veces, lo que más me gusta de alguien al principio, después de un tiempo es lo que más me molesta”. El tema está claro. Se trata de cómo puede cambiar la imagen de alguien mientras lo/a vamos conociendo. La actitud no está tan clara desde lo escrito. Se tendrá que notar y destacar en la actitud del comediante en el escenario. Pareciera que fuese frustración y enojo, pero no se puede saber exactamente sin escuchar al comediante.

¿LAS PREMISAS PUEDEN SER TRILLADAS?

Las premisas pueden ser trilladas porque ya está todo hecho, si no es en tu país, será en otro. Se puede hablar de cualquier tema (usado o no por otros comediantes), lo importante es que el comediante sea original en su punto de vista, que le dé otro enfoque. Lo que sí hay que evitar es que el remate sea trillado.

Un comediante tiene que ser especialmente original en su presentación (los primeros minutos de su monólogo). Puede ser desde su forma de ser o desde el tema que aborda. Una vez que haya conquistado al público desde un lugar diferente, este va a querer saber su opinión, sobre todo, en temas como el amor, los hombres, las mujeres, la convivencia, perros, gatos.

Hay que tener cuidado con las opiniones y los consejos de otros comediantes sobre ser original. Tal vez algunos te van a criticar por abordar otra vez el mismo tema (por ejemplo, sobre la vida en pareja). Pero ellos no son el público. Ellos ven varios shows de Stand Up por semana y la gente común solo ve uno cada tres o cuatro meses.

2. CARACTERÍSTICAS DE UNA BUENA PREMISA

Una buena premisa debe ser clara y concisa, de conocimiento general, y verdadera o creíble.

CLARA Y CONCISA

El público tiene que entender la premisa. Para eso, tiene que ser clara y concisa, que no le sobre ni le falte una palabra. De lo contrario, el público se confunde, se pierde, se cansa.

Cuando agregamos detalles que no son necesarios para el chiste, la gente se queda pensando en lugar de reírse. Por ejemplo, veamos esta premisa: “Me da vergüenza ajena cuando una señora, una chica o hasta un pibe se corta las uñas en el tren”. El remate es: “Le pregunto: ‘¿Hacés eso en casa, también?”. Responde: “No. En casa no tengo tren”. Acá, corremos el riesgo de que la gente espere que el comediante diga algo sobre el pibe y si después no aparece más, se quedan pensando «¿Por qué mencionó al pibe? ¿Qué pasa con el que se corta las uñas en el colectivo?». Se vuelve mucho más eficaz cuando se saca toda la información que sobra: “Me da mucha vergüenza ajena la gente que se corta las uñas en el tren”. “Le pregunto: ‘¿Hacés eso en casa, también?”. Responde: “No. En casa no tengo tren”.

Una premisa puede ser muy corta. Por ejemplo: “Odio distraerme tan fácilmente”.

Pero no necesariamente tiene que ser así. La premisa debe tener las palabras necesarias para que sea clara. También puede ser larga, por ejemplo: “Tuve problemas de erección. El tema es que yo pienso mucho. Y cuando un hombre tiene una erección, el veinticinco por ciento de la sangre de la cabeza va al pene. Pero cuando te ponés a pensar, a maquinar, este veinticinco por ciento vuelve a la cabeza y tu erección se va”, (remate) “entonces, cuando tu pareja tenga ganas pero vos no, preguntale: ‘¿Cuánto es 15 por 149?”. En este chiste el sentimiento está implícito y no está tan claro cuál es el pie. El tema con el sentimiento explicito sería: “Es una mierda pensar mucho cuando tenés una erección”. Y el pie: “Porque cuando un hombre tiene una erección, el veinticinco por ciento…”.

Te conviene no utilizar muchas premisas largas en tu monólogo porque la gente se puede cansar o quedar en el camino si se tienen que concentrar demasiado. Otra desventaja de las premisas extensas es que generan muchas expectativas y necesitan un remate muy fuerte para estar a la altura de tanta introducción.

DE CONOCIMIENTO GENERAL

La premisa tiene que ser de conocimiento general para que el público pueda seguir al comediante. Por ejemplo, una mala premisa es “La película Notting Hill es poco creíble”. Aunque Notting Hill haya sido una película exitosa, siempre hay una parte del público que no la vio y no sabe de qué está hablando el comediante. Habrá que explicar mucho antes de poder llegar al chiste. Como todo el mundo vio películas románticas, una buena premisa sería: “Las películas románticas son poco creíbles”.

VERDADERA O CREÍBLE

Cuando un comediante dice una premisa, el público tiene que pensar «Es verdad lo que dice» o «Le creo». Entonces, por ejemplo, decir “Convivir es horrible” es una mala premisa porque la mayoría de la gente no piensa lo mismo (de lo contrario, nadie conviviría). Lo que sí pensamos todos es que puede ser difícil. Una buena premisa sería: “Convivir es difícil”. Ahí la gente piensa que es verdad lo que dice el comediante. Mejor todavía sería decir: “Convivir puede ser difícil”. Nadie puede contradecir eso.

También el comediante lo puede hacer propio y presentarlo como algo que le pasa solo a él y no a todo el mundo. Puede decir: “Para mí, convivir es horrible”. Así los espectadores no necesariamente tienen que estar de acuerdo. Solo tienen que creer que para el comediante es así. Todos conocemos personas que la pasan muy mal en la convivencia, así que puede ser.

COHERENTE

La premisa tiene que ser coherente con la imagen que transmite el comediante. De lo contario, no es creíble.

Por ejemplo, un comediante no puede decir que es pobre si está vestido con un traje Armani. Tal vez haya alguna explicación (se lo prestó alguien), pero entonces tiene que haber un chiste con eso. De lo contrario, solo sabotea su propia actuación.

En el mismo sentido, un comediante que parece tener dieciocho años no puede hablar de la paternidad como si nada. Tendrá que aclarar la incoherencia. Puede ser que haya sido papá muy joven o que pareciera mucho más joven de lo que es. Por eso, a veces el comediante tiene que instalar una determinada imagen para que ciertas premisas sean creíbles o coherentes.

Por ejemplo, tendrá que demostrar que tiene una vida bastante loca y diferente a los demás para que la siguiente premisa sea creíble: “Estoy cansado de las fiestas con mucho alcohol, drogas y gente desnuda”. A menos que el remate sea: “Porque nunca me invitan”, y ahí el público entiende que la premisa fue irónica.

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